El principal problema de hacer Sexting, o ‘sextear’ es que, una vez enviados los archivos, se pierde totalmente el control de esas imágenes o videos que se quedan en la red o en los dispositivos de quien las ha recibido hasta que quiera eliminarlas. Por mucho que una aplicación prometa un borrado instantáneo (como por ejemplo la famosa red Snapchat), el receptor siempre podrá haber hecho una captura de pantalla y mañana dejar de ser nuestro amigo, o tratarse de un ciber delincuente que ha suplantado la identidad de esa persona a la que conocíamos para hacerse con el contenido comprometido y después chantajearnos con él.
